Apenas concluido el cese de fuego de 72 horas acordado durante la visita de los enviados diplomáticos estadounidenses, el Ejército ruso desplegó una ola de misiles de precisión y drones sobre fábricas de armamento, centros logísticos e instalaciones portuarias. Kiev denunció víctimas civiles y calificó la ofensiva de «terrorismo sin sentido», mientras continúan las gestiones para una eventual mesa tripartita de negociación.
El frágil cese de hostilidades de tres días entre Rusia y Ucrania finalizó de manera intempestiva con una incursión aérea masiva ordenada por el Kremlin sobre la capital ucraniana y puntos estratégicos de la región de Odesa. Utilizando misiles de alta precisión y aeronaves no tripuladas, las fuerzas rusas impactaron contra plantas de fabricación de drones, depósitos de armamento, instalaciones de la aviación militar y buques de carga en el mar Negro. La ofensiva se ejecutó a pocas horas de que concluyera la misión diplomática de los mediadores estadounidenses Steve Witkoff y Jared Kushner, desencadenando una dura condena del gobierno de Volodímir Zelenski, que confirmó la muerte de al menos dos personas y acusó a Moscú de boicotear los esfuerzos de paz.
El Ministerio de Defensa ruso confirmó que los bombardeos nocturnos apuntaron de manera sistemática a neutralizar el complejo industrial militar ucraniano y la logística de reabastecimiento en la franja sur.
Los objetivos neutralizados y los condicionantes políticos de la jornada incluyen:
- Impactos en el complejo militar de Kiev: Los proyectiles alcanzaron la Planta de Radio (Trimen-Ucrania), dedicada a la producción de drones de largo alcance, la Planta de Hormigón Armado —ensambladora de ojivas para misiles de crucero— y las instalaciones de la firma Aves de Combate en Bila Tserkva.
- Ataques a la red portuaria de Odesa: Se registraron severos daños en un buque de carga con combustible militar en el puerto de Chornomorsk, además de un ataque directo contra la subestación eléctrica Dnestrovskaya, clave para el funcionamiento de la infraestructura del mar Negro.
- Reacción diplomática de Ucrania: El canciller Andrí Sibiga fustigó la acción militar tras el paso de los delegados de Washington, señalando que «los misiles balísticos rusos suenan más fuerte que sus palabras sobre diplomacia».
- Gestiones de la administración Trump: Los enviados estadounidenses mantuvieron reuniones bilaterales en Moscú y Kiev para sentar las bases de una negociación tripartita. Trascendió que Vladímir Putin habría expresado disposición a evaluar una «desescalada invernal» centrada en infraestructura energética y logística.
A pesar de la virulencia del nuevo ataque sobre Kiev, tanto el Kremlin como la administración ucraniana dejaron abiertas las puertas para retomar el diálogo promovido por la Casa Blanca, aunque sin fijar fecha ni sede para un eventual encuentro formal mientras continúan las hostilidades en el frente de batalla.
